Comentario:
Gutierre Tibon la Pasión por el hombre
Beatriz Meyer*
Casi
todo el mundo ha usado o al menos visto una máquina de
escribir portátil Hermes baby. Invento de uno de los
hombres más singulares de nuestro siglo, esta precursora
de las actuales procesadoras de texto acompañó
a escolares, oficinistas, escritores ocasionales y de oficio
durante varias generaciones. Y poco o nada sabemos de su creador,
el recientemente fallecido Gutierre Tibón, uno de los
más eruditos investigadores de nuestro país.
El
15 de mayo, a los 94 años de edad, el doctor Gutierre
Tibón dejó de escribir. Un paro cardiaco fue lo
único capaz de detener sus investigaciones, las cuales
se centraron mayormente en la historia de México, país
que lo acogió en 949, pues el doctor Tibón nació,
para sorpresa nuestra, en Milán, Italia, en 1905.
«En
el ombligo de la luna». Dueño de una «erudición
casi ilimitada», según palabras de Jacques Soustelle,
hizo sus estudios elementales en Suiza (lugar donde inventó
la máquina anteriormente mencionada), escogió
a México como su residencia y se identificó a
tal grado con su idiosincracia, su historia y costumbres que
muchos lo suponen mexicano de nacimiento.
Apasionado
del significado de los nombres y su origen, cuenta que cuando
hace mucho tiempo supo que México significa en náhuatl
«en el ombligo de la luna», quiso descubrir la raíz
de tan «peregrina» como él la llamaba denominación.
Resultó
que de peregrina no tenía nada y sí, en cambio,
logró atrapar al investigador en la magia de los símbolos
mexicanos. También lo condujo a desentrañar el
origen de otros nombres. Como el suyo, Gutierre, el cual tiene
para nosotros resabios de apellido.
La
explicación de dicho fenómeno se encuentra en
su Diccionario etimológico comparado de nombres propios
de persona, quizá la mejor obra en su género.
Este libro consigna el significado de la mayoría de
los nombres usados en México.
Así
encontramos que Gutierre es germánico, Walthari, de walt
o wald, «mando, gobierno, poder» (confróntese
alemán walten, «disponer, dirigir, mandar»);
hari, «ejército» (confróntese alemán
heer). Así, Gutierre es «el ejército del
mando», «las huestes del poder». En italiano
Gualterio; en francés Gautier, en alemán Walter,
en inglés Walter o Walt.
Igualmente,
el origen de su apellido está explicado en su Diccionario
etimológico comparado de los apellidos españoles,
hispanoamericanos y filipinos, libro prácticamente extinto,
pues no se ha vuelto a reeditar: Tibón, plural de tibn,
«generoso, dadivoso, liberal, lobo, la más grande
de las copas, que alcanza a apagar la sed de veinte personas».
Los
ibn Tíbón, también llamados ibónidas,
son una dinastía de médicos, sabios y traductores
originarios de Granada. En el siglo XII, a consecuencia de
las persecuciones anticristianas y antihebreas de los fanáticos
almohade, su fundador se refugió en Provenza.
«El
que flechó el cielo». Antes de llegar a América,
Gutierre Tibón había ya hecho mucho ruido en su
natal Italia por sus disertaciones respecto a los orígenes
de la lengua y la historia italianas. Pero su llegada a México
le cambió el destino cuando decidió quedarse en
este país para el cual resultaron fundamentales sus investigaciones
sobre la historia antigua de Mesoamérica.
En
1975 escribió Historia del nombre y de la fundación
de México. Obra clave para entender y conocer el origen
y el misterio de las leyendas y mitos indígenas, principalmente
toltecas y mexicas. Su brillante disertación sobre la
magia prehispánica se inicia con el capítulo titulado
«Aventuras de los aztecas en el más allá».
En
un estilo suelto y amigable, don Gutierre nos cuenta sobre
el poderoso señor Moctezuma Ilhuicamina, huey Tlatoani
bisabuelo del Moctezuma que gobernaba a la llegada de Hernán
Cortés, el cual, habituado a escuchar desde la infancia
las narraciones de los ancianos, se impresionó al saber
que en la antigüedad existió otro gran señor
llamado Ilhuicamina, «el que flechó el cielo».
Lo
interesante era que este primer Ilhuicamina, al igual que el
flechador griego Sagitario, se dio el lujo de herir el firmamento
para quedar dibujado en la bóveda celeste como una de
las constelaciones.
A
causa de esta historia Moctezuma Ilhuicamina segundo expresó
su curiosidad por saber cómo era Aztlán, la tierra
de donde decían venir sus antepasados. Hizo traer ante
su presencia al anciano Cuauhcoátl, cuyo nombre quiere
decir águilaserpiente, y le preguntó: «Mucho
querría saber qué memoria tienes en tu historia
de las siete cuevas donde habitaron nuestros antepasados».
El
tlamatini o sabio, sin dudar le contestó: «Nuestros
padres moraron en aquel feliz y dichoso lugar que se llama
Aztlán en que hay un gran cerro en medio del agua que
llaman Culhuacan. En este cerro había unas cuevas donde
habitaron nuestros padres por muchos años».
Pero
la pasión por el tema central de su vida, es decir, México,
abarca una larga lista de obras. En 1966, en asociación
con Eduardo Weinfield, inició la Enciclopedia de México,
en sus primeros tres tomos. Su deseo era reunir en una sola
obra todo el conocimiento sobre el país que tanto amaba.
In
memoriam. Del prolífico investigador sus críticos
y amigos dicen que «De haber vivido en una etapa histórica
anterior habría sido el sabio y hábil chamán
de alguna tribu, conocedor amplio de las mitologías,
escrutador de las señales y símbolos de toda
clase, el implacable encargado de hacer cumplir los ritos de
pasaje, el hombre que ve el pasado y el presente e intenta
otear el futuro. No fue tal su destino sino el del erudito y
ameno investigador que escogió a México como su
segunda patria...»
Sobre
este punto, el mismo Gutierre Tibón dice en el prólogo
a su conocida obra El ombligo como centro erótico: «Mi
obra como escritor, durante casi ocho lustros, no ha sido de
imaginación sino de investigación; por temperamento,
o por comulgar con la tendencia manzoniana, no he tratado temas
escabrosos: lo que no significa que atribuya falta de ética
a los buenos escritores que tienen el valor de decir descarnadamente
hechos humanos de esa índole. No creo haberme salido
de mi línea al revelar la verdad sobre las estatuas
de la isla de Pascua o sobre las figuraciones plásticas
de la pubertad femenil en la América precolombina.
Sólo hipócritas o espíritus mezquinos pueden
ver en las relaciones mágicas de hombre y naturaleza
concepciones cósmicas de hondísimas raíces
algo que hay que callar u ocultar.»
Entre
los libros que destacan de su vastísima producción
están: Introducción al budismo (1957); América.
Setenta siglos de la historia de un hombre (1945), Aventuras
de Gog y Magog (1946), Origen, vida y milagros de su apellido
(1946); Diccionario etimológico de los nombres propios
de las personas (1956), Pinotepa Nacional. Mixtecos, negros
y triquis (1961), Mujeres y diosas en México (1967),
El mundo secreto de los dientes (1972); El jade en México:
el mundo esotérico del chalchihuite (1983), La ciudad
de los hongos alucinantes (1983), Los ritos mágicos
y trágicos de la pubertad femenina (1984), entre otros.
En
1946 la UNAM le otorgó el doctorado honoris causa. En
1987 obtuvo el Premio Internacional Alfonso Reyes y en 1989
la medalla del Instituto de Investigaciones sobre el Hombre.
Al
momento de su muerte dejó tres libros más en
preparación. Activo hasta el fin, no tuvo sin embargo
el reconocimiento de la gente de México. Muy pocos funcionarios,
amigos e intelectuales lo acompañaron hasta su última
morada en el panteón de Acapatzingo, en Morelos, donde
también reposan los restos de sus padres y hermanos.
Pero
su legado permanece. Sus obras están ahí, a la
espera de nuevos investigadores, curiosos y entusiastas que
deseen continuar explorando el pasado y el presente de una nación
tan rica y compleja como la mexicana.
*Directora
de la SOG EMPuebla
