Las bases del Partido construyeron el Acuerdo
DULCE MARÍA SAURI RIANCHO

En forma democrática y ante la sociedad nacional en su conjunto a través de los medios de comunicación, el Consejo Nacional del Partido aprobó el Acuerdo General para la postulación del candidato a la Presidencia de la República para el periodo 20002006. Mediante este Acuerdo, el priismo nacional definió el procedimiento y las reglas que habrán de aplicarse al proceso interno que culminará el próximo 20 de noviembre, con la toma de protesta, a quien habrá de ser nuestro abanderado para los comicios presidenciales del 2 de julio del año 2000.

La definición del procedimiento y de las reglas para el proceso interno fue el resultado de la participación abierta, libre e incluyente de los sectores, organizaciones, militantes, simpatizantes y ciudadanos que le dan cuerpo social y político al PRI en toda la República. Fue producto de un ejercicio democrático que significó, a su vez, una muestra contundente del inicio de la cuarta etapa de nuestro instituto político, que ya cobro forma y existencia.

En cada reunión de consulta la primera se realizó el 12 de abril en Tamaulipas y la última el 9 de mayo, en el Distrito Federal la agenda fue sencilla y directa: escuchar democráticamente y con total apertura partidista, las propuestas, opiniones y puntos de vista de las mujeres y hombres del Partido, sobre el procedimiento que a su juicio, fuera el más idóneo para seleccionar a nuestro candidato a presidente de México.

Durante 27 días, la dirigencia nacional del Partido, encabezada por José Antonio González Fernández, sostuvo reuniones de consulta con los consejeros políticos de los estados y el Distrito Federal; con las organizaciones de mujeres, jóvenes, campesinos, obreros y clases populares; el movimiento territorial, la Fundación Colosio, ex gobernadores, las fracciones parlamentarias priistas de diputados y senadores y diversas corrientes internas.

Hubo riqueza y diversidad en las propuestas y aportaciones. En todos los casos, sin excepción, los participantes expresaron y argumentaron sus puntos de vista con respeto y firmeza. Fueron exposiciones de ideas, de valoración responsable respecto de las diferentes opiniones, con una clara percepción del momento histórico del Partido y del país. A la dirigencia nacional le correspondió, antes que nada, escuchar y apuntar, con el compromiso esencial de respetar e integrar todas las aportaciones en su informe ante el Consejo Político Nacional.

Cuadros, militantes y simpatizantes del Partido asumieron la responsabilidad de darle forma concreta al procedimiento, pronunciándose a favor de una u otra alternativa, sin pasar por alto aspectos vinculados a la reglamentación, tales como vigilancia, fiscalización, financiamiento, topes a gastos de campaña, uso y tiempo de medios de comunicación, entre otros.

Preservar y fortalecer la unidad interna del Partido, sea cual fuere el procedimiento para la selección del candidato, fue otra demanda fundamental. Ella estuvo presente en cada uno de los eventos de la consulta. De esta manera, el priismo manifestó, su convicción de que la democracia interna debe profundizar la cohesión del Partido y consecuentemente, una mayor capacidad para afrontar la competencia electoral y ofrecer más respuestas y soluciones a los ciudadanos.

En este sentido, el Acuerdo discutido y aprobado durante la IX Sesión Extraordinaria del Consejo Político Nacional fue una verdadera construcción política de las bases del Partido, una muestra efectiva de confianza en la democracia de nuestra capacidad de renovación, y de nuestra determinación por avanzar con unidad en la cuarta fase de nuestra historia partidista.

El presidente del CEN, José Antonio González Fernández, informó al Consejo Político Nacional sobre la distribución de las 109 opiniones de la militancia expresadas verbalmente respecto al procedimiento: 13% convención de delegados; 17% convención de consejeros políticos y 70% por la consulta directa.

Estos porcentajes expresan varias realidades de la cuarta etapa que nuestro Partido está iniciando:

su capacidad de participación y expresión democrática para adoptar decisiones fundamentales, como el procedimiento para seleccionar candidato a la Presidencia;
la determinación de mantener su unidad interna;
el respeto pleno a la diversidad de opiniones y puntos de vista, como eje de sus relaciones con la base y con la sociedad;
su determinación de triunfo en las elecciones federales del año 2000, a partir de la selección democrática de su candidato;
su probada voluntad política para entender, y encabezar a la sociedad mexicana ante los retos pendientes y los desafíos del siglo que ya asoma en nuestra historia.

*Dulce María Sauri Riancho es Secretaria General del CEN del PRI y Presidente de la Comisión Interamericana de Mujeres.
Fue Coordinadora General de la Comisión Nacional de la Mujer y Gobernadora de Yucatán.