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Noticias PRIDiscurso 230808 - 1
Aguascalientes, Ags. sábado, 23 de agosto de 2008

DISCURSO PRONUNCIADO POR LA PRESIDENTA DEL CEN DEL PRI, BEATRIZ PAREDES, DURANTE LA 20 ASAMBLEA NACIONAL ORDINARIA DEL PRI.

EL SECRETARIO GENERAL JESÚS MURILLO KARAM.- En cumplimiento del orden del día, en el uso de la palabra la Presidenta del Comité Ejecutivo Nacional.

LA PRESIDENTA BEATRIZ PAREDES RANGEL.- Compañeras y compañeros de Partido.

El compañero Luis Figueroa quiere entregar un documento. Le solicito al señor Vicecoordinador que se lo reciba.

Compañeras y compañeros de Partido;

Amigos asambleístas;

Señores coordinadores de nuestras bancadas en el Senado de la República y en la Cámara de Diputados;

Señores ex presidentes del Comité Ejecutivo Nacional, ex presidentas que nos hacen el honor de acompañarnos;

Compañeros dirigentes de los sectores y de las organizaciones de nuestro Partido;

Compañeros dirigentes de la estructura territorial de los Comités Directivos Estatales, de los Comités Municipales, de los Comités Seccionales electos a la asamblea como delegados;

Compañeros dirigentes del movimiento campesino que constituyen el sector agrario de nuestro Partido, del movimiento obrero que constituyen el sector obrero de nuestro Partido, del movimiento de las organizaciones populares que constituyen el sector popular de nuestro Partido, del movimiento territorial, de los jóvenes, de las mujeres;

Compañeras y compañeros delegados;

Señores gobernadores, señora gobernadora;

Amigos todos:

Los priístas somos la corriente histórica, política y social más importante de México, lo somos por nuestro número, por nuestras aportaciones a la construcción institucional del Siglo XX y a las transformaciones políticas y jurídicas que permitieron el avance de la democracia mexicana, todavía insuficiente.

Lo somos, porque orgullosamente herederos de las mejores causas de la Independencia, la Reforma y la Revolución constituimos la vía mexicana para la construcción del México del Siglo XXI, bajo los principios de una modernización incluyente, cuya bandera señera debe ser alcanzar la democracia con justicia social para todos.

Somos la opción de la experiencia y de la viabilidad política y social renovada, capaz de beneficiar a las grandes mayorías de hombres y mujeres de México, con cuyas causas reivindicatorias nos identificamos plenamente.

Somos, los priístas, la corriente histórica que puede articular la libertad de mercado con el ejercicio responsable del estado social de derecho, y la defensa irrenunciable de la soberanía, con una activa participación del país en el entorno mundial. Somos una corriente política que no acepta la exclusión social como el supuesto costo obligado de la modernidad, que considera que la tradición es el basamento de la identidad y que cambiar con rumbo, como lo decía Colosio, significa cambiar sin perder identidad, sin renunciar a ser lo orgullosamente mexicanos que somos.

Somos la opción política que no tolera ninguna forma de discriminación, nos reconocemos en los principios universales de libertad, justicia, igualdad, fraternidad y laicidad, inherentes a la evolución ética de nuestra democracia social.

Componemos, los priístas, el conjunto de cuadros de Estado más grande y mejor preparado del país para hacer frente a sus retos, cuya calidad se acentúa, en el análisis de la opinión pública todos los días, ante la evidencia de los desatinos, de la improvisación y la incapacidad manifiesta de otras propuestas políticas que actualmente ocupan posiciones públicas y que amenazan con llevarnos al fracaso como nación.

Somos la corriente que siempre hemos sabido actualizar nuestra organización de acuerdo con los requerimientos y características de cada momento histórico, manteniendo plena consistencia entre origen y destino, pero con la sabiduría necesaria para reconocer los acentos, las cadencias y entonaciones, que la realidad nos marca y exige, y por eso somos vigentes, robustamente vigentes, ante la estridencia de todos los que anuncian nuestra desaparición para justificar su existencia y ante los desafíos políticos, electorales, económicos, sociales y culturales que el desarrollo de México reclama resolver.

Sabemos que nuestros triunfos y la reconstrucción del Partido se fundamentan en la enorme capacidad de renovación que tenemos para cumplir con los deberes que reclama el cambio socialmente demandado.

Nuestro Partido, el Partido que ustedes hacen realidad, el Partido que se nutre de la militancia, de obreros, de campesinos, de clases medias, de millones de hombres y mujeres anónimos que nos permiten ser la primera fuerza política territorial del país, ha celebrado su Vigésima Asamblea Nacional Ordinaria. ¡Gracias a todos los asambleístas por su decisión de participar, por su responsabilidad, por anteponer el valor y la importancia del Partido a intereses personales de facciones o de grupos!

Se ha logrado que este clima de unidad y equilibrios internos, indispensables para fortalecer la democracia partidista, nos garantice que enfrentaremos con éxito y cohesión los complejos retos políticos y electorales de los próximos años. Lo hemos logrado todos.

Esta Asamblea es un resultado político de todos, el mérito es de todos: de todas las organizaciones, de todos los militantes, de todos los asambleístas, de quienes participaron en las mesas, de nuestros gobernantes que bien gobiernan, de nuestros legisladores que bien legislan. El triunfo de la Veinte Asamblea es el triunfo de la unidad del Partido Revolucionario Institucional.

Es indispensable mantener la unidad en torno a principios y estrategias para nuestra actuación política. Somos un Partido de oposición que por esa circunstancia requiere redoblar el trabajo de sus dirigentes y militantes. Todos tienen algo que aportar y la suma de su experiencia, capacidad y esfuerzo debe llevarnos a lograr los éxitos electorales que están a nuestro alcance, como lo muestra nuestro desempeño electoral con los triunfos, con las victorias de Ustedes, de nosotros, en los últimos dos años.

Saludamos especialmente la victoria en el Estado de Aguascalientes de la militancia priísta de esta entidad federativa.

Las divisiones han sido fuente de grandes males para la nación, nos hicieron vulnerables ante las acechanzas del exterior y propiciaron invasiones, con el costo de la pérdida de la mitad de nuestro territorio y de su ocupación por tropas extranjeras.

En un Partido político, las divisiones concitan el rechazo social, que se refleja en la pérdida de las preferencias electorales. Un Partido dividido no puede ser opción de gobierno porque resulta incapaz de satisfacer las expectativas ciudadanas.

No podemos volver a equivocarnos. Debemos anteponer los intereses de la sociedad y del Partido a los intereses personales y de grupo.

En nuestro nuevo sistema político, y especialmente en el electoral, con una alta pluralidad y competencia, la división del Partido nos podría llevar a la diáspora y a un rechazo civil equivalente a la desaparición.

Las mayorías nos están devolviendo su confianza política y su apoyo electoral, porque en la memoria colectiva se mantiene la idea de que nuestra corriente histórica diseñó y operó el proyecto nacional de desarrollo contenido en la Constitución de 1917, y de que nuestro Partido es la organización política que por su experiencia, capacidad y sensibilidad social puede dar cumplimiento a sus objetivos.

Con la fortaleza de la unidad ideológica, con la fuerza orgánica de este gran Partido, con una renovada convicción de que tenemos la mejor propuesta para enfrentar y resolver los grandes retos del país en la primera década del Siglo XXI, iniciamos este 23 de agosto, bajo el amparo de la Veinte Asamblea, un intenso proceso de movilización para enfrentar con responsabilidad los 37 procesos electorales con 89 elecciones que se efectuarán entre los años de 2009 y 2011, -espacio temporal entre ésta y la próxima Asamblea- para elegir a 23 gobernadores y renovar 31 Congresos estatales y la Asamblea de Representantes en el Distrito Federal, así como a 2 mil 442 ayuntamientos y 16 delegaciones. Estos procesos electorales, que juntos enfrentaremos, estarán marcados por un cambio positivo en la naturaleza de los mismos, de una importancia tal que podría redefinir el ritmo y el rumbo del país por un largo periodo. Las reformas a nuestro sistema electoral del año pasado, nos imponen una nueva forma de hacer política electoral. Las reformas que hoy aprobaron a los Estatutos, compañeros asambleístas, corresponden a poner en el cronómetro de la juridicidad, nuestros documentos básicos.

En los próximos procesos electorales, debemos hacer ajustes mayores en nuestra tarea partidista, ajustes estratégicos y tácticos, si queremos mantener y ampliar nuestra posición de primera fuerza política territorial en el país, y si queremos, como queremos y cómo podemos, ir por la mayoría en la Cámara de Diputados en el 2009.

Será especialmente definitorio para obtener victorias electorales la unidad. La calidad de nuestros candidatos. La organización activa y militante de todo el Partido; desde los órganos de base, desde los comités seccionales, hasta la estructura directiva estatal y nacional; la plataforma electoral, la participación de nuestras organizaciones y sectores; la capacidad de convencer y movilizar a la sociedad civil, a favor de nuestras propuestas.

Tenemos que fortalecer el trabajo organizado con nuestros militantes. Y trabajar más, directamente, encabezando las causas de la mayoría de la población. Requerimos de mayor esmero y creatividad, mejorando los recursos propagandísticos y accediendo a modalidades novedosas, como el internet y formas alternativas de comunicación.

Todo ello, plantea los desafíos tácticos de nuestra organización política. Sabemos que podemos hacerlo, tenemos confianza, estamos juntos, recuperando el orgullo priísta.

Debemos acrecentar nuestra fuerza territorial, para mantener el poder donde gobernamos actualmente, y conquistarlo donde somos oposición.

Vamos a ganar la mayoría en las Cámaras de Diputados, en la federal y en las locales, porque la agenda legislativa nacional del futuro próximo, contiene temas de alta prioridad para impulsar las reformas en los ámbitos de la política, de la economía y de lo social que nos está demandando la sociedad mexicana.

Que quede claro. Los legisladores priístas, acompañados por su Partido, actúan con plena responsabilidad a favor de la Nación. La perspectiva de las reformas que impulsa el PRI, es una perspectiva comprometida con la soberanía, con la eficacia gubernamental, con la justicia social, con el proyecto de nación que sostenemos desde nuestra visión política de país. Son las reformas que demandan el pueblo y la mayoría social; no son las reformas que ponen contentos a pequeños intereses, minoritarios, y muchas veces extranjerizantes.

Es una época propicia para fortalecer al Congreso de la Unión de los Estados Unidos Mexicanos, que hoy ejerce sus facultades constitucionales, con autonomía, como lo consagra nuestra Carta Magna. En un contexto de respeto a la división de poderes y de alto pluralismo político. Un Congreso cada día más profesional y más sensible para atender los reclamos sociales, en forma independiente o mediante la adecuada coordinación con el Ejecutivo Federal.

Un Congreso que siga actuando con el espíritu de las ideas de Francisco Zarco e Hilario Medina, de lealtad y patriotismo. De lealtad a los ideales de las luchas precedentes y del patriotismo que significa entregar lo mejor de sí mismos en favor de México.

Tenemos confianza en ustedes, compañeras, compañeros legisladores.

El reto para los integrantes de esta legislatura y de la próxima, para su espíritu de lealtad y patriotismo, no será menor de lo que fue para los diputados Constituyentes de 1857 y de 1917.

Ahora la lucha será para evitar una crisis de gobernabilidad, ahora la lucha es para evitar una anomia en el crecimiento, una crisis derivada de la parálisis en el desarrollo económico. Ahora nuestra lucha es para recuperar el poder político y crear las condiciones para hacer realidad el país que todos los mexicanos deseamos, el país que la mayoría mexicana demanda, que apela a él, el país que todo México demanda, para seguir vigente y perdurable en el horizonte de los tiempos.

Tal aspiración implica encontrar una nueva vía mexicana al desarrollo, en una búsqueda semejante a la que se está haciendo en diversas latitudes en el mundo, alejándose de paradigmas impuestos desde el exterior, que mostraron ya su ineficacia para resolver los problemas específicos de cada nación y especialmente los problemas de distribución del ingreso y generación de riqueza.

Explorar una nueva vía mexicana al desarrollo implica revisar el papel que juega el Partido en la vida nacional y analizar la compleja situación del país. Los documentos básicos, la Declaración de Principios y el Programa de Acción apuntan en ese sentido.

Profundizaremos en el Consejo Político Nacional, y en coordinación con nuestras bancadas, para plantear de fondo una nueva estrategia para el desarrollo de la economía nacional.

En julio de 2006 sufrimos una segunda derrota en la elección presidencial. Asumimos el resultado electoral con una concepción de Partido opositor, leal y constructivo, dispuesto a coincidir y lograr acuerdos en todo lo que desde nuestras posiciones y principios beneficie al pueblo de México; al pueblo de México y a la institucionalidad democrática del país.

Garantizamos la institucionalidad de la República reconociendo el resultado de esa elección y cumplimos nuestras obligaciones constitucionales en los actos protocolarios para la instalación del nuevo gobierno en el Congreso de la Unión.

Nuestros Gobernadores y Presidentes Municipales actúan con eficacia, cumpliendo sus responsabilidades, y proceden con apego federalista en la relación entre órdenes de gobierno. Las fracciones parlamentarias de nuestro Partido en las Cámaras federales y locales han coadyuvado a legislar en temas electorales, fiscales, de justicia, pensiones, entre otros.

No obstante nuestra actitud positiva, el resultado de la alternancia es negativo, se percibe un estancamiento en diversos ámbitos del desarrollo nacional y se retrocede en relación con el avance de otros países y en relación con los indicadores precedentes del espacio que ocupaba nuestro país en el terreno de la economía y de la competitividad.

Ni el presente ni el futuro inmediato ofrecen esperanzas de progreso para los mexicanos con la conducción del gobierno de Acción Nacional. Se reclama por el pueblo, que el gobierno no asume sus responsabilidades ni garantiza la seguridad de la sociedad, ni la igualdad de oportunidades de acceso a servicios sociales de calidad a los mexicanos, por la carencia de políticas públicas eficaces.

También hay consenso en el sentido de que la problemática que vivimos está llevando al país a una crisis axiológica. La desesperanza y la frustración afectan los valores individuales y de convivencia colectiva; son crecientes la indiferencia ante lo público, el rechazo a la vida institucional, el desprestigio de la noción de gobernar, la intolerancia a lo diverso, el rechazo a lo social como negación de lo justo, y el pragmatismo para el provecho inmediato. Tal situación nos está conduciendo a un mayor deterioro de la ética pública y de la moral social.

Hay riesgos de ingobernabilidad al debilitarse el estado de derecho por la creciente delincuencia e inseguridad pública. La autoridad no está cumpliendo cabalmente con su obligación esencial de cuidar la vida y los bienes de los mexicanos. Lamentablemente, porque no lo festinamos, nos duele como mexicanos y como opción política responsable, no hemos encontrado y no han encontrado los mexicanos suficiente capacidad para detener la grave espiral de violencia y muerte que nunca antes se había tenido en nuestro territorio nacional, en tiempos de paz.

Quiero reiterar, el PRI, sus gobernadores, sus presidentes municipales, sus legisladores han actuado con plena responsabilidad acompañando al Ejecutivo Federal en el ámbito de las atribuciones de la jurisdicción estatal y municipal, en el combate a la delincuencia, a pesar de los precarios recursos de los municipios y de los estados, ahí han estado nuestras Autoridades Locales, con conocimiento, convicción y valor, pero así como hemos colaborado enfrentando un problema que aqueja a toda la nación, demandamos que no se utilice electoralmente la problemática de la inseguridad.

Rechazamos el abuso, que pretende confundir a la sociedad, cuando se asume que son otros los órdenes de gobierno, a los que corresponde afrontar el embate a la criminalidad organizada, y el crecimiento del narcotráfico que ha generado esta secuela de inseguridad. Queremos que el Gobierno de la República responda a cabalidad de lo que es su responsabilidad constitucional.

Compañeras y compañeros de Partido:

Podría profundizar en algunos planteamientos que se vinculan con las respuestas que desde el PRI diseñamos, impulsamos donde somos gobierno, y apoyamos legislativamente, para encontrar soluciones de fondo a la problemática de la carestía, del desabasto alimentario, de la disminución del empleo, de la insatisfacción de las comunidades sacudidas por la pobreza, de la respuesta enérgica y digna que tenemos que tener ante el endurecimiento de las políticas migratorias del vecino país. Pero ustedes han deliberado sobre el programa de acción, el movimiento campesino ha encabezado con vigor la defensa de la soberanía alimentaria y desde aquí le decimos a todas las centrales campesinas afines a nuestro Partido, a la Confederación Nacional Campesina, que estamos con ustedes y con el campo mexicano para lograr una política pública eficaz en el sector agropecuario, para que las reglas de operación no centralicen los programas públicos y para que haya una estrategia de autosuficiencia alimentaria, que es posible en nuestro país.

Desde aquí le decimos a nuestros compañeros dirigentes sindicales, a los trabajadores de México, que estamos con ustedes en su combate a la carestía de la vida, que es inaceptable el que se flexibilicen controles y se eleven artificialmente precios, cuando hay un deterioro del poder adquisitivo de la clase trabajadora. Demandamos un compromiso eficaz del Gobierno de la República y de los instrumentos de política económica, estamos con los trabajadores de México.

Compañeros trabajadores: En sus conquistas laborales, en las reformas pretendidas, ni un paso atrás. La defensa de las conquistas de los trabajadores es indispensable para el Partido Revolucionario Institucional.

Estamos con el esfuerzo de los sectores productivos del país, con los miles de pequeños y medianos empresarios que han visto debilitarse su patrimonio personal, que han perdido miles de empleos en sus pequeñas empresas ante la ausencia de una estrategia de financiamiento y de simplificación administrativa.

Nosotros creemos en la revitalización de la economía nacional. Estamos con el pueblo de México todo: con los padres y las madres de familia, con los jóvenes estudiantes, con los auténticos maestros, con aquellos que tienen una vocación docente de la que nos enorgullecemos. Estamos por mejorar la calidad de la educación; sólo con calidad de la educación este país va a tener viabilidad.

Necesitamos y exigimos respuestas para las nuevas generaciones. Nuestro país es un país de jóvenes que demandan oportunidades y que las merecen. Aquellos jóvenes, a los miles de muchachos que quieren recuperar la esperanza en México, quiero decirles, para concluir con un pensamiento de un filósofo occidental, lo siguiente:

“Hay hombres y mujeres que luchan un día y son buenos, hay otros que luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles”.

Para México, el PRI es imprescindible, es el Partido de los ideales, es el Partido de los valores, es el Partido que construyó el México del Siglo XX, es el Partido que construirá el México digno del Siglo XXI.

¡Viva México!

¡Viva el PRI!


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